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viernes, 1 de julio de 2016

Comportamiento de los colombianos frente a la discriminación


A comparación de Países desarrollados como Estados Unidos donde existe un historial desde tiempos remotos por discriminación racial, se argumenta que en Colombia no es tan evidente la existencia de la discriminación debido al proceso de mestizaje que ocurrieron en los tiempos de la colonia, segun los investigadores opinan que la discriminación tiene mas resultado en el tema de diferencia de razas y que cuyas son resultado de exclusión social ( o discriminación por pobreza).


¿Cuántos colombianos son afrodescendientes? ¿Qué porcentaje de jueces, maestros, concejales, celadores, gerentes, secretarias o policías son afrocolombianos? ¿Cuántas personas negras están en la cárcel?
No existe respuesta cierta a ninguna de estas preguntas elementales. La razón es sencilla: ni el Estado ni el sector privado tienen datos confiables sobre los afrocolombianos. Las encuestas esquivan esas preguntas, o arrojan cifras tan diversas, que hay para todos los gustos. Y las entidades públicas y las empresas siguen el ejemplo. “No tenemos esos datos” o “aquí no distinguimos por color de piel” fueron las respuestas casi invariables a las 174 peticiones de información que enviamos desde el Observatorio de Discriminación Racial a entidades de todo el país.
Así que cualquier esfuerzo por discutir seriamente la situación de los afrocolombianos y la discriminación racial debe comenzar por los interrogantes sobre los datos. ¿Por qué la población negra, tan notoria en el imaginario popular, es invisible en las cifras? ¿Quién cuenta como afrocolombiano? ¿Qué dicen los datos existentes? ¿Para qué sirve hacer estas cuentas?
El mito de la igualdad racial
El vacío de información no es simple olvido o negligencia. Más bien, es resultado de la arraigada creencia de que en Colombia no hay distinciones raciales. Según esta opinión generalizada, aquí todos nos mezclamos con todos en una amalgama feliz, en un país sin racismo ni discriminación.
El problema es que las escasas cifras disponibles, los casos judiciales y los testimonios de personas y comunidades negras alrededor de Colombia muestran una realidad muy distinta. Como se verá en los siguientes informes del ODR y El Espectador, los afrocolombianos son la población más golpeada por el desplazamiento forzado. Pasan más hambre y son más pobres que los mestizos. Sus niños mueren a una tasa más alta y sus viejos son menos viejos porque la esperanza de vida afro es menor que la mestiza.
Ante esta realidad, es claro que la negación de las diferencias raciales es parte de un poderoso mito de la identidad colombiana. Como lo muestra el historiador cartagenero Alfonso Múnera en su libro Fronteras imaginadas, se trata del “viejo y exitoso mito de la nación mestiza, según el cual Colombia ha sido siempre, desde finales del siglo XVIII, un país de mestizos, cuya historia está exenta de conflictos y tensiones raciales”.
En el campo de las cifras, el mito genera un círculo vicioso. “No tenemos datos sobre la raza de nuestros empleados, porque eso violaría el derecho a la igualdad”, respondían algunas entidades a nuestros derechos de petición. Telepacífico negó la información con contundencia sociológica, sentenciando que “el nuestro es un país multiétnico y donde las etnias puras no existen”.
Ahí está el redondo círculo. Como el mito del multiculturalismo igualitario niega de plano las diferencias, no se recogen datos sobre ellas, lo que a la vez impide probar que sí existen. Curiosa lógica la de un país que rehúsa mirarse en el espejo.
Contra esta sinrazón, la reciente tendencia internacional es recoger datos étnico-raciales. A los países que ya lo hacían, como Brasil o Estados Unidos, se suman ahora muchos latinoamericanos, como Argentina, Ecuador y Panamá en sus censos de 2010.

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